Análisis
Joaquín Aurioles
Libertad, desarrollo y régimen político
No hay nada más distinto que dos hermanos, dice una negacionista de la tiranía genética. Ella es unigénita, se crio sola con sus progenitores. Sostiene con presumible objetividad que dos o más que nacen de los mismos padres suelen ser esencialmente distintos en gustos y actitudes, quizá aptitudes; y dejemos de lado eso que llamamos valores, o los intereses de clan. Bien puede que el hecho de criarse los hermanos juntos y en sucesiva jerarquía tenga que ver en sus diferencias de carácter, conjetura ella, porque es la íntima dialéctica a lo largo de los años lo que configura personalidades que contradicen similares narices, padecimientos, tonos de voz o carcajadas. Cabe ampliar el "nada hay más distinto que dos hermanos" a grandes grupos humanos, y extrapolar la sugestiva teoría a la génesis de los nacionalismos, los íntimos Caínes y Abeles y las guerras: por qué no admitir a trámite intelectual la juguetona certeza de esa amiga.
Los portugueses llaman a los españoles, con ironía, "os nossos irmaos", nuestros hermanos. Ellos respetan los atascos y los pasos de cebra, las colas del autobús, conversan más bajito. Un graffiti en la lisboeta Alfama rezaba: “Respete el silencio; si quiere ruido, vaya a España”. Aceptemos bronca política y corrupción institucional como griterío de compañía, y convengamos que esos negociados batimos por goleada a los hermanos lusos. No solo son los políticos de nuestro oeste capaces de aliarse con sus rivales para gobernar, sino que son insignificantes, en comparación a los nuestros, sus contubernios y "convolutos" (sugestivo arcaísmo castellano que resucitó un embajador alemán en Madrid, Guido Brunner, por lo visto de mano egipcia). No consagremos como criaturas angelicales a todo portugués, pero los escándalos políticos del país vecino son puro amateurismo comparados con nuestros registros. Hasta dimiten primeros ministros por sospechas fundadas, a la postre sin condenar. Rinconete y Cortadillo no lo traduce a la lengua de Pessoa ni la Inteligencia Artificial.
El chiste: “¿Cómo se llaman los habitantes de Japón?”, pregunta uno; el otro responde: “¿Todos?”. No se puede generalizar. Pero desde el Duque de Lerma a Zaplana, Bárcenas y el pujolismo, y, calentitos, los Cerdán, Koldo y Ábalos, puntuamos notable alto. Es el poder lo que puede corromper: hay que tenerlo para trajinar. El verdadero vicio es que en este país ponen a parir al Poder Judicial hasta los presidentes del Gobierno. Los golpistas interruptus con prócer en Waterloo pusieron de moda lo del “lawfare”. ¿En la Justicia hay politicones y militones?: ya. Pero recordemos: desde principios de siglo, han sido imputados/investigados y procesados casi 2.000 políticos en ejercicio de poder. Condenados o pagando prisión, son minoría: la Justicia es lo que tiene, necesita pruebas, no evidentes indicios. Declarar desde el Gobierno y ex-ante “inocentes” a presumibles culpables afectos es ciscarse en la Justicia, nuestra tabla de náufragos. Dudar por sistema desde el Ejecutivo y sus satélites de, según, la profesionalidad de jueces y fiscales es echar cal viva en la democracia, o lo que esto sea. En Portugal dimiten primeros ministros por sospechas. Aquí, dimitir, aun apestando a tejemaneje, es insólito: se medra a costa de la infradotada y garantista Justicia. Menos mal que nos queda esa Portugal togada. (La coda es de Siniestro Total).
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