Nada más distinto que dos hermanos

El exministro José Luis Abalos (i.) y Koldo García, a sus llegadas al Tribunal Supremo.
El exministro José Luis Abalos (i.) y Koldo García, a sus llegadas al Tribunal Supremo. / Europa Press

29 de noviembre 2025 - 06:00

No hay nada más distinto que dos hermanos, dice una negacionista de la tiranía genética. Ella es unigénita, se crio sola con sus progenitores. Sostiene con presumible objetividad que dos o más que nacen de los mismos padres suelen ser esencialmente distintos en gustos y actitudes, quizá aptitudes; y dejemos de lado eso que llamamos valores, o los intereses de clan. Bien puede que el hecho de criarse los hermanos juntos y en sucesiva jerarquía tenga que ver en sus diferencias de carácter, conjetura ella, porque es la íntima dialéctica a lo largo de los años lo que configura personalidades que contradicen similares narices, padecimientos, tonos de voz o carcajadas. Cabe ampliar el "nada hay más distinto que dos hermanos" a grandes grupos humanos, y extrapolar la sugestiva teoría a la génesis de los nacionalismos, los íntimos Caínes y Abeles y las guerras: por qué no admitir a trámite intelectual la juguetona certeza de esa amiga.

Los portugueses llaman a los españoles, con ironía, "os nossos irmaos", nuestros hermanos. Ellos respetan los atascos y los pasos de cebra, las colas del autobús, conversan más bajito. Un graffiti en la lisboeta Alfama rezaba: “Respete el silencio; si quiere ruido, vaya a España”. Aceptemos bronca política y corrupción institucional como griterío de compañía, y convengamos que esos negociados batimos por goleada a los hermanos lusos. No solo son los políticos de nuestro oeste capaces de aliarse con sus rivales para gobernar, sino que son insignificantes, en comparación a los nuestros, sus contubernios y "convolutos" (sugestivo arcaísmo castellano que resucitó un embajador alemán en Madrid, Guido Brunner, por lo visto de mano egipcia). No consagremos como criaturas angelicales a todo portugués, pero los escándalos políticos del país vecino son puro amateurismo comparados con nuestros registros. Hasta dimiten primeros ministros por sospechas fundadas, a la postre sin condenar. Rinconete y Cortadillo no lo traduce a la lengua de Pessoa ni la Inteligencia Artificial.

El chiste: “¿Cómo se llaman los habitantes de Japón?”, pregunta uno; el otro responde: “¿Todos?”. No se puede generalizar. Pero desde el Duque de Lerma a Zaplana, Bárcenas y el pujolismo, y, calentitos, los Cerdán, Koldo y Ábalos, puntuamos notable alto. Es el poder lo que puede corromper: hay que tenerlo para trajinar. El verdadero vicio es que en este país ponen a parir al Poder Judicial hasta los presidentes del Gobierno. Los golpistas interruptus con prócer en Waterloo pusieron de moda lo del “lawfare”. ¿En la Justicia hay politicones y militones?: ya. Pero recordemos: desde principios de siglo, han sido imputados/investigados y procesados casi 2.000 políticos en ejercicio de poder. Condenados o pagando prisión, son minoría: la Justicia es lo que tiene, necesita pruebas, no evidentes indicios. Declarar desde el Gobierno y ex-ante “inocentes” a presumibles culpables afectos es ciscarse en la Justicia, nuestra tabla de náufragos. Dudar por sistema desde el Ejecutivo y sus satélites de, según, la profesionalidad de jueces y fiscales es echar cal viva en la democracia, o lo que esto sea. En Portugal dimiten primeros ministros por sospechas. Aquí, dimitir, aun apestando a tejemaneje, es insólito: se medra a costa de la infradotada y garantista Justicia. Menos mal que nos queda esa Portugal togada. (La coda es de Siniestro Total).

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