Subcontratas

Tribuna Económica

Imagen de unas obras / Archivo

29 de enero 2026 - 03:59

Hay muros que se caen porque no están construidos para resistir circunstancias excepcionales. ¿Puede ser la lluvia una de ellas?, no parece lógico. Podría ser culpa del encofrado, la cimentación, la calidad de los materiales o la propia tecnología constructiva, aunque también una especie de fallo sistémico asociado a la forma habitual de hacer las cosas, que es otra manera de nombrar a la cultura constructiva. Dejemos de lado a la corrupción más insolente, de la que nos gusta pensar, quizá con ingenuidad, que solo es relevante en casos aislados, y aceptemos la legitimidad del beneficio empresarial, resultado de la producción eficiente a costes reducidos.

Aceptemos también la lógica de la subcontratación, que en el caso de la construcción es diferente a otras actividades. Que un ayuntamiento o autonomía subcontrate a empresas especializadas en organización de eventos ocasionales, como estos días en FITUR, es de lo más normal, pero en la construcción es especial. Que la empresa ganadora de un concurso de obra pública, por tanto la más cualificada, subcontrate a otra del mismo ramo, pero supuestamente menos capacitada, salvo en caso de tareas muy especializadas, debería resultar llamativo. No es el caso, quizá por sesgo de normalidad, que consiste en normalizar la anormalidad cuando es frecuente.

Las empresas que contraten con el Estado deben acreditar su capacidad mediante la inscripción en el Registro Oficial de Licitadores y Empresas Clasificadas, además de satisfacer las exigencias legales y las establecidas en el correspondiente pliego de condiciones técnicas. En todos los casos la subcontratación es aceptada y desde la Ley 9/2017 incluso bienvenida, en la medida en que se elimina la anterior restricción de máximos del 60% como forma de apoyo a las pymes del sector. Las empresas subcontratistas arrastran el estigma, no siempre justificado, de menor capacidad técnica y peores condiciones de trabajo. Para corregirlo se ha decidido crear otro registro, el de Empresas Acreditadas (REA), que supuestamente acredita capacidad técnica para trabajar en la construcción y compromiso con la prevención de riesgos laborales. La maraña burocrática se carga de buenas intenciones, pero la realidad es que con la subcontrata la precariedad se mantiene y abunda el falso autónomo, la empresa principal dispone de un mecanismo susceptible de proporcionar pingues beneficios y algunos muros de contención terminan cayendo cuando llueve más de la cuenta.

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