Turismo y cambio climático

Tribuna económica

Estado en el que se encuentra el paseo marítimo de Matalascañas. / Josué Correa

20 de febrero 2026 - 06:00

Cuando abrimos el navegador y observamos un mapa en tiempo real con miles de aviones cruzando continentes, impresiona. Muchísimos de ellos no obedecen a trabajos o cuestiones familiares, sino a puro ocio. Viajar ya no es un lujo reservado a unos pocos, sino una posibilidad al alcance de millones de personas. Esta democratización del turismo refleja una economía global interconectada y dinámica, en la que movernos forma parte de la normalidad. Pero precisamente por la enorme importancia económica del sector turístico en la actualidad, se hace necesario plantear cómo afectan a la estabilidad financiera los cambios climáticos que estamos viviendo.

En 2025 el turismo mundial volvió a marcar cifras récord: más de 1.500 millones de viajeros internacionales y una contribución superior al 10% del PIB global, según el World Travel & Tourism Council, que además subraya el peso decisivo del sector en inversión y empleo a escala global. El sector sostiene uno de cada diez empleos en el mundo y mantiene una fuerte capacidad de arrastre sobre otras actividades. Y precisamente por esa dimensión sistémica, cualquier alteración relevante en su entorno -como las derivadas del cambio climático- afecta tanto al ámbito empresarial, como al conjunto del sistema económico y financiero.

En su intervención “El turismo frente al cambio climático: implicaciones para la estabilidad financiera”, hace unos días, la subgobernadora del Banco de España advierte de que el cambio climático genera tanto riesgos físicos -como el aumento de temperaturas o la mayor frecuencia de fenómenos extremos- como de transición, derivados de cambios regulatorios, tecnológicos o en las preferencias de los consumidores. Ambos pueden afectar a la rentabilidad de las empresas turísticas, a la valoración de sus activos y a su capacidad de repago, trasladándose así al sistema financiero a través del crédito y de la exposición de las entidades a un sector con gran peso en la economía.

La enseñanza es clara: a nivel micro, integrar el análisis climático en las decisiones empresariales, en la financiación y en la supervisión no es una cuestión accesoria, sino una condición para preservar la estabilidad. A nivel macro, si el turismo representa una parte tan relevante del PIB y del empleo, anticipar cómo el clima puede alterar su funcionamiento es también una forma de proteger el conjunto de la economía. Adaptarse con previsión, diversificar riesgos y planificar a largo plazo será esencial para que este motor de prosperidad siga funcionando en un entorno que, inevitablemente, está cambiando.

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