Tribuna económica
José Ignacio Castillo Manzano
Adelantos electorales y economía, una relación compleja
Incluso aunque mañana se disolviera el Parlamento de Andalucía, serían más de 3,5 años de legislatura, luego, por segunda vez y es muy de agradecer, el Presidente Moreno Bonilla, no ha usado el poder discrecional que posee todo Presidente para adelantar las elecciones a su conveniencia. Lamentablemente, los presidentes que sí adelantan elecciones lo suelen hacer no por el bien general, sino para maximizar sus votos, complicado objetivo que está vinculado con la economía.
El adelanto extremo sería por “ejecución de los mercados”, especialmente del mercado de bonos, como fueron las generales de 2011. La implacable Prima de Riesgo obligó al Presidente Zapatero primero a anunciar que no se presentaría para después, cuando estaba por encima de los 350 puntos básicos, fijar un nuevo calendario electoral.
Pero la mayoría se deben a una “imposibilidad de gobernar”, ya sea porque los necesarios socios políticos te retiran el apoyo, como en las generales de 1996, o se sea reacio a asumir el coste de dicho apoyo, como recientemente en Extremadura. En el primer caso, la economía hubiera aconsejado prorrogar presupuestos y haber ido a las elecciones con la expansión consolidada en 1997.
En cambio, a priori, Extremadura ofrecía el escenario óptimo, larga expansión económica y debilidad del rival bipartidista. Infelizmente, para el partido incumbente que gobierna, estos adelantos eran más exitosos cuando el bipartidismo tenía una cuota de votos superior al 85% en el territorio. Ahora, como ha podido comprobar la Presidenta Guardiola, existe el peligro de que muchos frutos los acaben recogiendo otro/s partido/s. Sobre todo, si el electorado considera que el adelanto está demasiado motivado por razones partidistas/partisanas.
En todo caso, el adelanto siempre es la mejor opción para el partido gobernante al inicio de una deceleración económica. El carácter extremadamente procíclico de la economía española implica que lo peor siempre estará por llegar. Como en las elecciones generales de 1993. El Profesor Fuentes Quintana contaba que le llamó el Presidente González para preguntarle cómo iba a evolucionar la economía en la segunda mitad de ese año. Su respuesta, muy pesimista, contribuyó a adelantar dichas elecciones exitosamente a junio.
Despejada la duda regional, a nivel nacional, 2026 podría (o no) alumbrar un nuevo modelo de adelanto electoral. El adelanto no por malas expectativas económicas, que siguen siendo buenas, sino judiciales.
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