Tribuna libre

Iván Arteaga | Presidente de la Comisión de Agroindustria de CESUR, Círculo de Empresarios del Sur de España.

El campo y Mercosur

Medio centenar de tractores se manifiestan en las calles.
Medio centenar de tractores se manifiestan en las calles. / Adrián Ruiz Hierro / Efe

29 de enero 2026 - 12:40

Los agricultores están otra vez en la calle. Montando manifestaciones, cortando carreteras y molestando a los ciudadanos de la Unión Europea. Todo por la firma del tratado con los integrantes de Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia y como miembro asociado Chile). Una asociación que promueve el libre comercio entre ellos.

Hace dos semanas la Unión Europea firmó un tratado con la asociación mencionada anteriormente, libre de aranceles y tasas. Lo que significa que a disposición de la Unión Europea se liberaliza un mercado de más de doscientos sesenta millones de personas, posibles compradores.

Aparentemente una fantástica noticia. La unión tiene millones de nuevos posibles consumidores. Por contra para esos países latinoamericanos Europa supone más de cuatrocientos cuarenta y nueve millones de posibles compradores de sus productos. Los números en principio son más favorables para los integrantes de Mercosur. Aun así, parece un trato muy positivo para ambas partes.

Si esto es tan beneficioso para todos. La pregunta sería: ¿Por qué los agricultores no quieren la firma del acuerdo con Mercosur si tan magnífico es para los europeos? Esbozar algunas de las muchas razones que hay para poder hacernos una idea de por qué los agricultores protestan contra un acuerdo que tantos elogian, es lo que en este escrito intento.

Uno de los puntos principales son las cláusulas espejo. Los países latinoamericanos producen alimentos en condición de legislación más laxa que los que produce la Unión Europea. Con costes sociales y operativos muy inferiores. Con normativa sobre pesticida que se aplica a los productos agrícolas y ganaderos menos restrictivos. Su norma sobre bienestar animal es menos exigente. Las normas para la aplicación de fertilizantes en lo referente a cuantía y tipos de abono son más indulgentes. Sus zonas de especial protección medioambiental como son los lugares de interés comunitario (LIC) o zonas de especial protección para aves (ZEPA) en proporción es más reducida. Su normativa en el uso de productos modificados genéticamente es mucho más libre.

Las normas que tenemos son las que los ciudadanos europeos han votado. Se hizo una encuesta y el resultado fue ese. Queremos una política agrícola que vaya en la dirección de lo arriba mencionado. Protectora del medio ambiente, libre de trazas o residuos de pesticidas tanto en alimentos como en el medio ambiente, que se trate con respeto a los animales, que no se contamine con nitratos las aguas, por mencionar algunos ejemplos.

Los agricultores de Europa, no sin grandes esfuerzos y pérdida de rentabilidad, han adaptado sus explotaciones agrícolas y ganaderas a esos múltiples requisitos. Ahora les dicen, con la firma de este tratado, que tienen que competir con productores que no se ajustan a esas obligaciones.

No deja de sorprender que, si eso es lo que quieren comer los Europeos de la Unión, no exijan lo mismo a los países de lo que importan la comida.

Cierto es que en los países integrantes de Mercosur. Los políticos europeos no pueden regular, pero si pueden desregular en Europa para que podamos competir en igualdad de condiciones.

Esa desregularización también se puede aplicar a otros sectores de la economía. que por cierto son los grandes beneficiados. Dado que los integrantes de Mercosur son exportadores de productos agrícolas e importadores de productos procedentes de la industria netos.

Por mencionar un ejemplo, solo en el sur de España, según un estudio realizado por la agrupación de cooperativas agroalimentarias de Andalucía las exportaciones hacia Mercosur serían de más de dos mil doscientos millones de euros. Por el contrario, lo que importaran los países de Mercosur sería una cantidad próxima a los dieciocho mil millones de euros. Vemos que el sector agrícola y ganadero sale perjudicado en dieciséis mil millones de euros.

A otros sectores que se ven mucho más beneficiados por este acuerdo les haría una pregunta.

¿Cómo se sentirían si ese acuerdo se firmara con países como Japón o Korea? Son menos agrícolas y mucho más industriales. países donde los agricultores pudiesen exportar libremente carne, arroz, vino, ajos, cítricos y un largo etcétera. A la vez ellos podían importar a la Unión Europea libremente coches, trenes, ascensores, maquinaria pesada y un largo etcétera. ¿Cómo se sentirían? La gran diferencia es que hablamos de las cosas del comer.

Es por todo lo expuesto y mucho más que sentimos las molestias a los conciudadanos, pero los políticos nos dejan pocas alternativas para que se oiga la voz del campo. Un sector en recesión, con poco relevo generacional y que cada vez más abandonado.

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