Federalismo pragmático y Europa a dos velocidades

Tribuna Económica

Mario Draghi junto a la presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen. / EFE

18 de febrero 2026 - 03:59

EL orden económico que nació tras la Segunda Guerra Mundial, hoy no existe. La Unión Europea (UE) nació en un orden mundial basado en el multilateralismo, reglas y un derecho internacional respetado por todos, que ya no existe. Sin embargo, la UE ha permanecido sin cambios. La UE ha perdido competitividad, productividad, capacidad de innovación y crecimiento frente a sus grandes competidores. El mundo se ha transformado en dos grandes aéreas de influencia en torno a China y Estados Unidos (EEUU). Europa avanza hacia la irrelevancia económica y geopolítica. La UE como Confederación de Estados, que necesitan la unanimidad en materias como la defensa, la fiscalidad o la política exterior ya no es un modelo adecuado para el mundo. El modelo apropiado es una federación europea con un mando federal unificado. La UE ha mantenido gobernanza e instituciones que no se han adaptado a las transformaciones globales.

Para Mario Draghi un federalismo europeo sería la solución. Pero esta transformación, hoy, políticamente no es viable, y en todo caso implicaría un tiempo del que Europa no dispone. El sentido de la urgencia es compartido por los lideres políticos de la UE.

De aquí que Draghi apunte como solución un “federalismo pragmático”: seleccionar una serie de proyectos estratégicos en torno a los cuales se consiguiera un consenso entre algunos países, dispuestos a abordarlos con velocidad, agilidad y contundencia. Europa avanzaría a la velocidad de los más rápidos y no de los más lentos como actualmente sucede con el principio de veto y el respeto a las soberanías nacionales.

Este planteamiento coincide con el de Ursula Von der Leyen que aboga por el retorno a la “Europa a dos velocidades”. Lo cual implica que determinados proyectos estratégicos no dependan en su aprobación de la unanimidad de los veintisiete estados de la UE. El Tratado de Lisboa defendía la “cooperación forzada” en proyectos cuya decisión estuviera apoyada por nueve estados miembros. La historia de la UE apoya esta tesis. La UE no se ha construido bajo el principio de la unanimidad. Ya en su nacimiento tan solo fueron seis países europeos la que la configuraron. El espacio de Schengen y su adhesión a el, es fruto de un proceso a varias velocidades. El “federalismo pragmático” y “la cooperación reforzada” son procesos para avanzar hacia la unidad y profundizar en la autonomía estratégica y geopolítica de la UE frente a las dos potencias dominantes China y EEUU.

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