Miguel Ángel Noceda
El 'show' de Trump
Europa ha abierto un nuevo frente industrial en torno a la inteligencia artificial. Y en ese tablero estratégico que enfrenta al continente con los gigantes tecnológicos de Estados Unidos y China, el suroeste de la Península Ibérica empieza a emerger con fuerza. La XXXVI Cumbre Hispano-Lusa celebrada este viernes en La Rábida ha puesto sobre la mesa la posibilidad de que España y Portugal presenten una candidatura conjunta para albergar una gigafactoría europea de inteligencia artificial, una infraestructura tecnológica llamada a convertirse en pieza clave del nuevo ecosistema digital del continente.
La declaración conjunta firmada por ambos gobiernos establece que los dos países trabajarán “de manera exploratoria en una candidatura conjunta y de carácter paritario” para desarrollar una instalación de gran escala dedicada a la computación avanzada y la inteligencia artificial, con el objetivo de reforzar la posición tecnológica del sur de Europa y crear sinergias industriales entre ambos lados de la frontera.
Aunque el documento no menciona ubicaciones concretas, el debate que empieza a abrirse en los círculos tecnológicos y energéticos apunta hacia un territorio cada vez más citado en los análisis de infraestructuras digitales: el corredor atlántico que conecta Sines, Huelva y el Campo de Gibraltar.
Las gigafactorías de inteligencia artificial forman parte de la estrategia europea para construir infraestructuras propias capaces de entrenar modelos avanzados de IA sin depender de los centros tecnológicos estadounidenses o asiáticos. Estas instalaciones integran enormes centros de datos y redes de alta velocidad con decenas de miles de procesadores especializados capaces de entrenar modelos de inteligencia artificial de última generación.
La Comisión Europea contempla el despliegue de hasta cinco gigafactorías en el continente, con inversiones que podrían movilizar decenas de miles de millones de euros entre financiación pública y capital privado. Pero la clave para su ubicación no está solo en la tecnología. Está, sobre todo, en la energía.
Entrenar inteligencia artificial requiere una potencia eléctrica equivalente a la de ciudades enteras. Un centro de estas características puede demandar entre 300 y 500 megavatios de capacidad eléctrica continua, además de infraestructuras de refrigeración y redes de transporte de datos de gran escala.
Por eso las grandes tecnológicas buscan territorios donde coincidan tres factores: energía renovable abundante, grandes infraestructuras industriales y conectividad digital internacional. El suroeste de la Península reúne precisamente esa combinación.
Portugal impulsa en el puerto de Sines uno de los mayores proyectos europeos de centros de datos, el Sines Data Campus, diseñado para albergar infraestructuras de computación avanzada con una potencia que podría superar el gigavatio. A su alrededor está emergiendo un nodo digital conectado a cables submarinos que enlazan Europa con América y África.
A apenas 150 kilómetros en línea recta (287 por carretera), Huelva concentra uno de los mayores polos energéticos del sur de Europa, con refinerías, terminales de gas natural licuado, grandes parques renovables y algunos de los proyectos industriales más ambiciosos vinculados al hidrógeno verde, como el Valle Andaluz del Hidrógeno Verde que promueve Moeve entre sus parques energéticos de Palos de la Frontera (Huelva) y San Roque (Cádiz). A ello se suma también el entramado industrial del Campo de Gbraltar. Ese potencial energético es precisamente el que empieza a atraer iniciativas tecnológicas de gran escala.
Entre ellas se encuentra TRON, el campus de inteligencia artificial verde que la compañía Go Energy proyecta desarrollar en Huelva con una inversión superior a 1.500 millones de euros. Según el anuncio de la compañía, el complejo se ubicará entre San Juan del Puerto, Trigueros y Gibraleón, en la histórica finca de Los Millares, y está concebido como el primer campus hyperscale de inteligencia artificial sostenible de Europa, con una potencia prevista de 200 megavatios y entrada en operación en 2028.
La propia estrategia industrial de Go Energy anticipa además una lógica transfronteriza muy alineada con la hipótesis del eje Sines-Huelva-Campo de Gibraltar. La compañía anunció el pasado verano la construcción de una planta de amoniaco verde en el puerto de Sines, conectada operativamente con sus proyectos energéticos en San Juan del Puerto y Gibraleón. El objetivo es crear un eje industrial entre Andalucía y Portugal para la producción y exportación de combustibles renovables, aprovechando las infraestructuras portuarias y energéticas de ambos territorios.
Ese modelo de interconexión energética es precisamente el tipo de estructura que requieren las futuras infraestructuras de inteligencia artificial, que necesitan electricidad abundante, redes estables y capacidad de almacenamiento energético para sostener su enorme consumo eléctrico.
En ese contexto empieza a tomar forma lo que algunos analistas del sector digital y energético describen como el triángulo tecnológico del Atlántico ibérico. Un sistema industrial con tres polos complementarios: Sines, como nodo de cables submarinos y centros de datos internacionales; Huelva y Campo de Gibraltar, como plataforma energética basada en renovables, hidrógeno y combustibles verdes; y Madrid y otros centros tecnológicos, entre los que podría estar Sevilla, como núcleos de desarrollo empresarial, cloud y telecomunicaciones.
La candidatura ibérica a la gigafactoría de IA apenas comienza a definirse. Pero la cumbre celebrada en La Rábida ha dejado clara una idea: España y Portugal quieren competir juntos en la nueva geopolítica tecnológica de Europa. Y en ese tablero, donde el poder digital depende cada vez más de la energía, la conectividad y las infraestructuras industriales, el corredor atlántico entre Andalucía y Sines reclama un papel central.
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