Mercosur, incertidumbres y esperanzas

Fotografía de archivo que muestra un detalle del saludo entre el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Fotografía de archivo que muestra un detalle del saludo entre el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. / EFE

20 de enero 2026 - 06:00

La Comisión Europea firma un acuerdo de asociación y comercial con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, que forman el área Mercosur; Venezuela está temporalmente suspendida, y Bolivia, en proceso de adhesión. Hay, además, otros seis países vinculados.

El acuerdo, pendiente de ratificación por el Parlamento Europeo, ha sido tratado con detalle desde la perspectiva de Andalucía por nuestro compañero Alberto Grimaldi en su newsletter. También el Servicio de Estudios de Cajamar, su director Ignacio Atance, e investigadores del nivel de Eduardo Moyano o Tomás García Azcárate, entre otros, se han venido ocupando de este acuerdo cuyas claves son: Primera, se eliminan aranceles a unos 90 bienes y servicios, en una zona donde la UE exporta 55.000 millones en bienes y 29.000 en servicios, que aumentarán en un mercado potencial de 750 millones de consumidores y es el 20% de todo el comercio mundial.

Segunda, al acuerdo se oponen Francia, Austria, Hungría, Irlanda y Polonia, con la abstención de Bélgica, por la competencia para la agricultura y pesca, aunque países como Italia y España han dado su voto.

Tercera, por parte de Mercosur hay reticencias, pero no por Brasil, que es el 33% de toda la economía de Latinoamérica, lo que determina temas como, por ejemplo, que la dificultad exportadora de la UE por la apreciación del euro se compensa con una apreciación similar del real brasileño.

En cuarto lugar, el acuerdo llega en buen momento, pues Argentina, volcada hoy hacia Estados Unidos, no tardará en ver lo fiable que resulta la UE y el área del euro, entre otras cosas para emitir deuda; y la normalización democrática en Venezuela encontrará aquí un ámbito interesante.

Dicho esto, ha de exigirse que prácticas de responsabilidad social corporativa, comerciales y de seguridad en alimentación sean similares para las empresas en Mercosur y la UE, relajando, si es preciso, provisionalmente, las europeas y equilibrándolas con las latinoamericanas.

Además, agricultura y pesca han de buscar rentabilidad en empresas comunes, industrializarse y diversificar en la cadena de producción; esto es más fácil de decir que hacer, pero aquí está el reto que da tanta eficacia al comercio, no sólo abaratando productos y conteniendo el índice de precios al consumo, sino haciendo más eficiente la producción.

La historia de las últimas décadas está de nuestra parte, y como los analistas de Cajamar nos confirman, no hay un solo acuerdo de cooperación firmado por la UE durante décadas, que, a la larga, no haya dado efectos positivos.

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