Salarios y productividad

Tribuna económica

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (5i), y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz (4d), junto a los secretarios generales de CCOO y UGT Unai Sordo (4i) y Pepe Álvarez (3d). / EFE

19 de febrero 2026 - 06:00

Sánchez reprocha a los empresarios que no suscriban la subida del SMI cuando sus beneficios son multimillonarios. También lo hacen los sindicatos firmantes del acuerdo con la vicepresidenta y ministra de trabajo, que aprovecha para criticar el sueldo del presidente de la CEOE. Debate deplorable y siempre relativo, que conviene precisar comparando nuestros salarios con los del resto de Europa y dejando para otra ocasión la comparación con los beneficios.  

Según Eurostat (Encuesta Estructura Salarial, se hace cada cuatro años y el último dato es de 2022) el salario medio de los españoles es 2.103 euros al mes, un 18.7% inferior al de la UE-27 y un 23,5% más bajo que en la eurozona. También crece muy lentamente. Entre 2018 y 2022 apenas creció un 2,9%, mientras que en la UE-27 lo hizo un 11.3% y en la Eurozona un 9.5%.  

Los salarios en España son bajos y crecen menos que en el resto de Europa, pero también, nuevamente según Eurostat, son menos desiguales que en otras partes. Mientras que la proporción de salarios bajos (inferiores a dos terceras partes del salario medio) en España es del 13,2%, la proporción sube hasta 14,7 en la UE-27 y a 14,4 en la eurozona, lo que indica que nuestro problema no está tanto en el salario mínimo como en el medio. 

Si además nos encontramos con que la inmensa mayoría de nuestras empresas no podrían soportar el salario medio de otros países (los más altos son Luxemburgo, 4.983 €/mes, y Dinamarca, 4.310 €/mes, y todavía más en Suiza, 6.748 €/mes, que no pertenece a la UE), lo razonable sería intentar buscar en la productividad la explicación a tan cicatero comportamiento de los sueldos. 

El coste laboral unitario (CLU) relaciona costes salariales con productividad y se utiliza como indicador de competitividad. CLU y productividad se mueven en sentido inverso, de manera que cuando el primero aumenta, la segunda se reduce y también la competitividad.  

Los CLU crecieron en España más intensamente que en el resto de Europa durante la burbuja inmobiliaria, hasta 2013. A partir de ese año, con la recuperación y hasta la pandemia se mantuvieron por debajo, pero desde 2020 vuelven a estar por encima. En el tercer trimestre de 2025, último dato de Eurostat, fue un 3,15 más elevado que en la UE-27 y un 4,8% que en la eurozona. La impresión es que la productividad se perfila como un importante obstáculo al crecimiento de los salarios, circunstancia difícilmente corregible a base de decretos de intervención. 

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