El sector del vino revisa su plan estratégico y lo prolonga hasta 2028 para crecer en valor y rentabilidad
La hoja de ruta trazada por la Interprofesional del Vino de España apuesta por los acuerdos comerciales de la UE, la revalorización de las exportaciones y la adaptación al nuevo contexto de incertidumbre económica y caída del consumo
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El sector vitivinícola español ha actualizado su Plan Estratégico 2022–2027, ampliando su horizonte hasta 2028 con el objetivo de ganar valor y rentabilidad en toda la cadena en un contexto marcado por la caída del consumo mundial, la incertidumbre económica y la creciente competencia internacional.
La revisión de la hoja de ruta, presentada por la Interprofesional del Vino de España (OIVE) con el apoyo técnico de KPMG, redefine prioridades, simplifica actuaciones y refuerza el foco en la revalorización del producto y en el aprovechamiento de los acuerdos de libre comercio promovidos por la Unión Europea (UE).
España mantiene la tercera posición mundial en valor de exportaciones y es líder en superficie de viñedo y producción ecológica, pero el desafío, según el presidente de OIVE, Fernando Ezquerro, no es vender más, sino vender mejor.
Más valor en exportación
El plan persigue incrementar en un 16% el valor de las exportaciones, lo que supondría generar 484 millones de euros adicionales para 2027, así como mantener una revalorización anual del 3,6% en el mercado nacional.
El documento subraya que las exportaciones españolas apenas han mejorado en valor en los últimos años en comparación con otros competidores, por lo que la prioridad pasa por reposicionar el producto.
En este escenario, el sector considera clave apoyarse en los acuerdos comerciales de la UE con Mercosur, India o Indonesia, que contemplan reducciones arancelarias progresivas y abren oportunidades en mercados de gran potencial. No obstante, estos pactos también plantean el reto de construir la categoría del vino en países donde su consumo no forma parte de la tradición cultural.
Estados Unidos sigue siendo el principal mercado de referencia, pese al impacto de los aranceles, que encarecen el producto en destino, si bien el sector destaca que parte de una base de precios más competitiva que otros países productores.
Simplificación del plan
La revisión del plan reduce el número de acciones previstas de 101 a 81, pero mantiene los 10 ejes estratégicos y 17 objetivos cuantitativos. Más de dos tercios de las iniciativas presentan ya un grado medio o alto de ejecución.
Las prioridades de la nueva hoja de ruta se centran en la captación de valor en los mercados internacionales, el equilibrio entre oferta y demanda para garantizar la rentabilidad en toda la cadena y la defensa del vino como parte de la dieta mediterránea, apoyándose en la evidencia científica, la moderación y la autorregulación.
El documento incorpora un análisis de los factores que han influido en el descenso de la demanda global, entre los que cita la creciente sensibilidad social ante el consumo de alcohol, el aumento de impuestos especiales y advertencias sanitarias, el impacto del cambio climático y la influencia de las redes sociales y la inteligencia artificial en los hábitos de consumo. También se observa una tendencia sociocultural hacia la moderación y el bienestar físico, especialmente entre los jóvenes.
Retos y nuevas oportunidades
Entre los retos identificados destaca el riesgo de abandono de viñedos por falta de mano de obra y la necesidad de frenar la pérdida de superficie para estabilizarla en torno a 911.000 hectáreas. Asimismo, el sector se fija como meta ajustar el consumo interno a 11 millones de hectolitros anuales.
En el capítulo de oportunidades, el plan apunta al auge del vino sin alcohol, al creciente interés por el vino ecológico —con el objetivo de alcanzar el 26% de viñedo ecológico en 2027— y el impulso del enoturismo, que ha alcanzado los 2,9 millones de visitantes en 2024. La digitalización, la innovación y la inteligencia económica se consolidan como herramientas transversales para anticipar escenarios y mejorar la planificación.
Durante la presentación, también se abordaron las perspectivas de consumo para 2026, con la participación de expertos económicos, responsables sectoriales y representantes institucionales, que coincidieron en el carácter estratégico del vino como símbolo cultural y activo económico, con fuerte impacto en el empleo, el desarrollo rural y la balanza comercial agroalimentaria.
Pese a un escenario competitivo y exigente, la OIVE traslada un mensaje constructivo: el sector no puede permanecer pasivo ni resistirse al cambio, sino adaptarse sin perder su esencia para situar al vino español en el lugar que le corresponde, generando mayor valor y rentabilidad en toda la cadena a largo plazo.
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