Los nuevos negocios, espejos de la sociedad

Los comercios hablan de nosotros, no solo la mayor o menor actividad económica

El riojita es de tiesos

El sueño de la prosperidad

Un comercio tradicional de Andalucía.
Un comercio tradicional de Andalucía. / M. G.

05 de febrero 2026 - 04:00

Un comercio de perfumes selectos, con vitrinas como escaparate y un zócalo de hermosa azulejería echa el cierre después de cinco décadas de apertura. A los pocos meses abre en ese mismo local un negocio de bocadillos y bebidas para tomar en plena calle. Carteles fluorescentes, taburetes en la vía pública y dos papeleras que no dan abasto. Los residuos se esparcen por la acera cada día. Alguien valora que la actividad económica se mantiene: "La rueda no se para, eso es lo importante". Una cafetería con camareros expertos, de los que deberían enseñar en una escuela de hostelería; un saloncito para cuatro veladores donde celebrar tertulias, una decoración de espejos enmarcados y, sobre todo, un estilo ya inusual. El dueño vende el local y se marcha de la ciudad. Abre en poco tiempo una franquicia de esencias de colores que huelen por toda la calle. Es el mismo comercio que encontramos en la Gran Vía de Madrid o en la vía Condotti de Roma, por poner solo dos ejemplos. Un artesano del zapato en un local pequeño, pero de ubicación estratégica, decide abandonar el oficio ante la enésima oferta de una compañía muy fuerte especializada en la venta de donuts tuneados, un negocio que solo requiere de un empleado, un mostrador llamativo y un buen rótulo. Es una franquicia, por supuesto. Hay opiniones para todos los oídos. "Qué importante es que no haya locales sin actividad", dice el optimista con cara de haber pronunciado un dictamen de alcance. Otro emite sus propia conclusión como plañidera contenida. "Si hay jubilaciones, poco se puede hacer". O con cierta autocrítica: "Podríamos haber entrado más a gastar en ese negocio". Y hasta con la frialdad del analista: "El mercado tiene sus reglas no escritas, esto es así".

Cuando un local del centro de una urbe (zona premium en la jerga de los consultores) cambia de negocio, la operación es el retrato preciso de una ciudad. Y si ocurre siempre en la misma dirección, estamos ante el diagnóstico de la patología de una ciudad. El autoabandono. La actividad por la actividad no es un valor en sí mismo. No es cuestión de gustos, sino de mentalidad. En Andalucía asumimos con excesiva frecuencia la derrota que supone perder los negocios únicos, distintos y singulares. Y eso nos retrata como conformistas, indolentes e, incluso, bastante insensatos. Tal vez la mayoría prefiera no mirar. Ojos que no ven, persianazo que no se oye. Los comercios hablan de nosotros. Como los mercados y los cementerios. La verdad está ahí. El diagnóstico no se puede ocultar.

stats